El evangelio de María Magdalena no pasó la criba de San Ireneo de Lyon, cuando por allá por el siglo II determinó cuáles evangelios serían aceptados por la Iglesia y cuáles no.
Es por todos conocido que la Biblia recoge 4 evangelios conocidos como canónicos, que son los evangelios de Mateo, Lucas, Marcos y Juan. Dos de ellos fueron discípulos de Jesús: Mateo y Juan, y los otros dos, no lo fueron. Incluso, es posible que estos evangelios no hayan sido escritos por los ya citados evangelistas, sino por discípulos de estos.
Lo cierto es que 200 años después de la muerte de Jesús, habia muchos evangelios que por diversas razones fueron destruidos por la Iglesia; y los que se salvaron, se consideraron apócrifos, que entonces era lo mismo que decir, heréticos.Entre esos evangelios apócrifos hay uno que llama poderosamente la atención; y es el evangelio de María Magdalena.

Todo el mundo acepta que Magdalena fue la discípula amada de Jesús, la que más tiempo pasó a su lado; y aquella a quien Jesús se le presentó primero, luego de su resurrección. Este hecho es muy revelador. Jesús no escogió a su madre para aparecérsele luego de su muerte. ¿Por qué? No lo sé, pero es lógico que pensemos que entre Jesús y María Magdalena había una relación especialísima; que posiblemente fuera más allá de la simple relación Maestro-Discípulo.
